Vivir en paz. Por: Laura Valencia

Laura valencia

Hace una semana Colombia tuvo la oportunidad de oír la desgarradora verdad sobre lo que dejaron 50 años de conflicto armado. Lo más triste, es que ahora nos estamos enterando que las personas en el poder se están robando los dineros destinados a cumplir con el derecho a la paz. En el Acuerdo se priorizaron unos municipios, los más afectados por la guerra, para que pudieran acceder a una plata para implementar los PDET (Programas de desarrollo con enfoque territorial). En una columna de Valeria Santos se demuestra la corrupción que hay detrás de los 500.000 millones de pesos destinados para la paz en estos territorios. La Contraloría denunció que el 33% de los municipios priorizados no pudieron recibir los recursos para desarrollar los programas de desarrollo. La corrupción denunciada se basa en unas coimas que deben pagar los municipios, a ciertos congresistas, para recibir dinero de la bolsa destinada a La Paz.

Es vergonzoso que las personas del gobierno que tienen la posibilidad de invertir en la paz busquen maneras de enriquecerse. De pronto desconocen que esa plata busca reparar a los territorios y familiares de los 450.644 asesinados que dejó la guerra, o los 7.752.964 de desplazados; puede ser que están exentos de culpa por la ignorancia de esos datos. Los organismos responsables de investigar estas acciones tan egoístas y crueles, deben actuar con eficacia y aplicar las sanciones pertinentes. No es posible que los civiles deban temerle a los grupos insurgentes y también a sus gobernantes, vivimos en un ciclo de violencias y egoísmos que siempre termina castigando a la población civil más vulnerable. La Comisión de la Verdad enfatizó en la amarga realidad de que el 80% de las víctimas del conflicto fueron civiles mas no combatientes. El Acuerdo da una esperanza de construir un país con paz, es decir con futuro, pero con esa ética corrida de ciertos congresistas ese prospecto se ve más lejano y más nublado que nunca.

Duque siempre ha manifestado su posición de desacuerdo frente a La Paz, sin embargo, un presidente debe ser cuidadoso con los mensajes que amplifica y transmite desde la posición que ocupa.  Transmitir perspectivas que critiquen el Acuerdo desde los micrófonos del Estado, abre la puerta para que el gabinete que rodea al presidente no le dé importancia a la implementación de lo pactado. Así pues, hechos de corrupción o indiferencia frente a las iniciativas que debe tener el Estado para trabajar en la implementación del Acuerdo, quedan en el olvido y negación; tal como ocurre todavía en ciertos sectores de la población que niegan la guerra.

Con este tipo de noticias, las heridas que el país piensa que está sanando y el respiro de un aire más puro se ve como un sueño fugaz. Se retrocede en el proceso de sanación y el problema es que hay un punto donde se pierden las ganas y la esperanza. Colombia ha sido paciente y resistente en relación con la cotidianidad en la que vivimos, donde se banaliza la violencia y la intolerancia por el otro. Saber que algunas personas que están en el poder tienen menos ética que cualquier ciudadano es desalentador, debido a que el pueblo les da la oportunidad de tener el poder de hacer algo, no repetir la impunidad. No obstante, los congresistas que decidieron cobrar coimas a esos municipios prefieren ignorar su compromiso con los ciudadanos y buscar formas de beneficiarse, sin pensar en que esos municipios a los que les están quitando los recursos, probablemente, creen realmente que ellos pueden traerles paz. Muchos ciudadanos sentimos una importancia enorme de no poder hacer mucho para ayudar a las víctimas del conflicto, hay personas que logran tener el poder de hacer algo y lo desperdician. A veces sorprende la decadencia en la que va la humanidad.

Ojalá escuchar las verdades encontradas por la Comisión de la Verdad empiece a sensibilizar más a las personas. Aceptar y oír las cifras y atrocidades que se cometieron en más de 50 años de guerra es fundamental para combatir la indiferencia. Reconocer lo que pasó y sigue pasando en el país es un proceso necesario para Colombia si quiere empezar a construir un futuro más alentador, con heridas sanadas y una paz garantizada. Esperemos que los futuros gobernantes tenga un poco más de sensibilidad frente al derecho de los ciudadanos de vivir en paz.

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