Lo que me dicen cuando me llaman pirobo: Por Pablo Rosselli

Pablo Rosselli

Dr. Pablo Rosselli
Ortopedista infantil Fundación Cardioinfantil
Fundación Santa Fe de Bogotá

La última vez que me llamaron pirobo ─ pues no ha sido solo en una ocasión─ ocurrió cuando me negué a dar dinero a un habitante de la calle. Para sorpresa mía, el significado de este insulto tan popular y generalizado en todo el país, en especial en el departamento de Antioquia, es desconocido por la mayoría. Tanto así, que la palabra que frecuentemente va acompañada de otras expresiones como hijueputa y gonorrea, no figura en el Diccionario de la Real Academia de la lengua ni en el Diccionario del uso del español de María Moliner.

Ante la duda, me puse en la tarea de buscar su etimología y encontré que proviene del lunfardo, una jerga que se originó en las cárceles en las ciudades rioplatenses de Buenos Aires y Montevideo a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX. Los presos lo usaban como lenguaje en clave para que los guardianes y la policía no entendieran su significado. El nombre lunfardo proviene de lombardo, gentilicio de la Lombardía, una región del norte de Italia que, en algún momento, fue cuna de usureros, prestamistas y ladrones. El lunfardo, muy utilizado en varios países latinoamericanos, llegó con la inmigración italiana, francesa, española, portuguesa y africana. De este argot provienen algunas palabras como “laburo”, del italiano lavoro; “gil”, tonto; “mina”, mujer; “pibe”, niño, joven (del italiano genovés pivetto); “facha”, rostro (del italiano faccia); “bacán”, el que tiene banco o cuenta bancaria; “cana”, cárcel; “patota”, pandilla; y otros más de 6.000 términos que se colaron en el castellano y dejaron de ser exclusivo del bajo mundo. Dicho por Jorge Luis Borges, “el lunfardo es la tecnología de la furca y la ganzúa”. Tan importante es, que existe una Academia Argentina del lunfardo.

Esta germanía llegó a Colombia con los jugadores de futbol argentinos y uruguayos contratados por equipos antioqueños, y con los comentaristas de ciclismo Julio Arrastía y Roberto Serafín Guerrero. Sin embargo, el principal difusor fue el tango y su estrecha relación con la delincuencia, que más tarde daría origen a una jeringonza conocido como “parlache”, del italiano parlare. Esta variedad dialectal fue usada por el escritor Manuel Mejía Vallejo en su novela “Aire de tango”, donde narra la vida de barrio en Medellín entre tangos y milongas, furcias, cafés y puñales.

Volviendo a la palabra pirobo, esta viene del griego pyros (fuego) bolein (arrojar, lanzar); lanzar fuego era un término usado por la artillería y, hoy, un pirobolista es el experto en hacer explotar minas o preparar minas explosivas. En un ingenioso juego metafórico del lunfardo, en Argentina, mina (otra palabra de la jerga) significa mujer, y aquél que "perforaba minas" se jactaba de ser un "pirobolista" y de pirobar (coitar, copular).

En fin, la clave es, estimado lector, si le llegan a lanzar este improperio, no lo tome a mal; muy seguramente quien se lo dice no sabe su verdadero significado. Puede responderle con otras palabras del parlache: ─ Naranjas, parce. No tengo lucas.

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