Los ciudadanos no son herederos de los pecados de las naciones. Por: Laura Valencia

Laura valencia

Recientemente, se conoció la decisión del Reino Unido de prohibirle la participación a los jugadores rusos y bielorrusos en los torneos del país. En este momento, el tenista ruso mejor posicionado en el ranking de la ATP es Daniil Medvedev en el segundo puesto. Por el lado de las mujeres, la bielorrusia Aryna Sabalenka es la número cuatro del mundo en el ranking WTA.

Así como los hijos o hijas no debemos cargar con los pescados de nuestra familia, una persona no carga con los malos actos cometidos por su nación. El hecho de tener una ciudadanía, tener una pequeña bandera al lado del nombre, no es un criterio válido para retirarlo de los torneos en un país. Además, en el Reino Unido se juega uno de los cuatro Grand Slams, los torneos más importantes del año, y es Wimbledon. Tanto Medvedev como Sabalenka tienen todo el derecho de jugar cualquier torneo, mientras sus acciones no sean erróneas, no deben ser perjudicados en el deporte que se desempeñan. Esta decisión discrimina a todos los jugadores de esas dos nacionalidades solo por haber nacido en un lugar, ni siquiera fue la persona la que escogió qué nacionalidad tener. Este tipo de hechos perjudica su carrera profesional, ya que su número en el ranking se puede ver afectado, pero más allá de perder unos puntos, se están mandando mensajes equivocados hacia los fantásticos del deporte.

En la actualidad, la xenofobia y el racismo parecen estar a flor de piel en ciertos sectores sociales. Al tomar este tipo de acciones contra personas que no tienen ninguna culpa, se reafirman y legitiman acciones de desprecio y discriminación hacia ciertas razas, etnias o comunidades específicas dentro de la sociedad. En una situación internacional tan tensionante como la que hemos visto en estos meses, es importante tratar de dar ejemplos de reconciliación y de unión en diferentes ámbitos. Incluso, figuras públicas como Medvedev y Sabalenka podrían pronunciarse en contra de la invasión rusa, para promover actitudes pacíficas al menos entre los aficionados del deporte. Muchas veces estos escenarios pueden acercar posiciones que el ámbito político solo polariza y destruye.

Es pertinente que los y las jugadoras rusas y bielorrusas se pronuncien frente a la invasión. Guardar silencio tampoco debe considerarse una posición correcta por la magnitud de las cosas ocurridas. Si la persona hace una declaración en donde rechaza la violencia indiscriminada por parte de Rusia y la invasión que está llevando a cabo, tiene todo el derecho de participar en el deporte que practique. Esa actividad es su profesión, de ahí salen sus recursos para vivir y la persona decidió dedicarle su vida al deporte, no pueden perder la oportunidad de estar presente en el tenis por su origen. De pronto, la decisión de retirarlos de unos torneos puede darse, si el jugador o la jugadora dice estar a favor de la invasión y de la violencia que se ha llevado a cabo en este tiempo. Mientras este no sea el caso, no debería ni siquiera surgir la discusión de si es posible discriminar jugadores de la ATP y WTA por su nacionalidad.

Replicar discriminaciones, exclusiones o discursos de odio solo nos hace seguir por el declive en el que vamos como sociedad. Solo se debe juzgar o rechazar los actos que comete un ser humano, no se puede discriminar a una persona por su origen o situaciones de vida que ha experimentado. Por ahora, la ATP emitió un comunicado donde rechazó esta decisión, pero no se ha modificado la situación actual de estos jugadores.

Posdata: entró al top 10  Carlos Alcaraz, jugador español de 18 años que parece ser el origen de una nueva era del tenis.

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