La violencia no tiene nacionalidad. Por: Laura Valencia

Laura valencia

Los índices de violencia en el país han amentado sustancialmente en los últimos años, pero poco se habla de cómo la población venezolana hace gran parte de estas cifras. Los discursos de odio y xenofobia hacia los migrantes han generado una alta intolerancia en nuestro país, se replican día a día los estereotipos sin pensar que estos pueden abrir espacio a diferentes tipos de violencia contra los venezolanos. Más allá de una violencia cultural, es preocupante las víctimas que registra Colombia en la situación de frontera y la poca respuesta que ha tenido el gobierno hacia este panorama. Según cifras de Fundaredes, entre el 2019 y 2020 la violencia en la frontera aumentó un 28,5% y no se le ha garantizado seguridad gubernamental a los migrantes para protegerlos contra los grupos armados al margen de la ley y grupos delictivos de microtráfico.

En el caso de Bogotá, se han registrado 415 víctimas venezolanas desde el 2017 hasta abril de este año. El crimen organizado que busca controlar las líneas del microtráfico en la capital ve a un venezolano como una persona fácil de convencer para unirse al grupo. Debido a la falta de garantías de seguridad y pocas oportunidades laborales que tiene un migrante, ve como una salida rápida y única unirse a estas redes. Sin embargo, el problema es que no debería sea la única opción para el venezolano ni para ningún ciudadano.

Es responsabilidad del Estado y la sociedad abrirle un espacio a las personas que llegan de Venezuela por las condiciones de hambre e inseguridad en las que viven, apoyarlos puede ayudar a combatir las redes de crimen organizado. Si un colombiano tiene dificultades para acceder a ciertas oportunidades, el venezolano es aún más vulnerable y constantemente estereotipado, no hemos entendido que eso condena a las personas y termina llevando a más violencia.

A pesar de que exista el Estatuto Temporal de Protección a los Migrantes Venezolanos, debe haber iniciativas del gobierno para promover el acogimiento e inclusión de los migrantes en la sociedad. Cualquier país debe generar oportunidades para los ciudadanos con el fin de evitar que se desarrollen problemáticas sociales como el crimen organizado. La migración es un hecho y hasta que Venezuela no tenga mejores condiciones sociales de vida y democracia, su población seguirá buscando lugares donde pueda habitar obteniendo lo necesario que necesita cualquier ser humano. Colombia siempre será una de las primeras opciones y al tener eso claro se debe crear una cultura de acogida en donde el fenómeno de migración pueda significar oportunidades más que un agravado a los problemas que ya tenemos.

Dentro del desarrollo de la violencia indiscriminada en la que vivimos y banalizamos, siempre está presente la violencia sexual contra la mujer. Cuando una venezolana camina durante días por la frontera, es víctima de la violencia sexual ya que el cuerpo femenino siempre se instrumentaliza en los contextos de conflicto. En este caso, mientras que los hombres ven como única opción de sustento unirse a bandas delincuenciales, las mujeres deben usar su cuerpo en la prostitución. Es debido a todas estas problemáticas sociales que el Gobierno debe buscar formas de generar aceptación hacia los venezolanos.

Un sector que juega un rol fundamental también para construir esta cultura positiva frente a la migración es el gremio académico. Desde las universidades y colegios se pueden transmitir mensajes de inclusión y de oportunidad para los venezolanos. El lenguaje puede ser muy agresivo y excluyente, por eso debemos ser consientes de los discursos que replicamos hacia ciertos sectores sociales. Por el momento, lo primordial es poder combatir la violencia que están sufriendo los venezolanos, pero no usando más violencia porque eso no lleva a nada, sino empezar a crear oportunidades laborales y de seguridad hacia los migrantes.

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