¿Duque entrega la nación a la izquierda golpista?¡QUE LE CAIGA EL GUANTE! Por: Julio César Mancera-Acosta

Julio Cesar Mancera

A propósito de las protestas que están sucediendo durante el 2021 y lo que nos espera, para estos próximos meses, pre electorales (en Colombia), es importante hacer varias reflexiones y hacer que les caiga el guante a los promotores del terrorismo urbano, a los muchachos manipulados, al pueblo burlado y a un gobierno sin fuerza, con un rumbo difuso y sin carácter, hasta el momento.

Todo empezó con un orquestado desorden global, promovido desde oscuras esferas, que aprovechando la debilidad, corrupción y excesiva confianza del status quo, que ha gobernado por décadas, al rededor del mundo, incendió las redes y a los permisivos y algunas veces cómplices medios de comunicación; apoyados por líderes de opinión, que algunas veces carecen de objetividad y que por supuesto también tienen su corazoncito…del lado izquierdo, como los promotores del desorden global.

En Estados Unidos, Francia, España y particularmente en Chile, les sonó la flauta e incitando a jóvenes llenos de energía, pasión, decepción obvia por los líderes políticos, pero también con la ignorancia propia de la inexperiencia y la falta de cultura general; terminaron prendiendo fuego (literal) a los países, convirtiéndolos en escenarios de guerra, en ciudades donde otrora primaban los valores democráticos, el diálogo y la necesaria, pero sana protesta.

Cabe anotar que los jóvenes son instrumento de líderes que con treinta y tantos años o más, aun son “estudiantes” universitarios o dirigentes de organizaciones juveniles; que a su vez, reciben directriz de viejos líderes sindicales y políticos quienes, al final, reciben órdenes de otras esferas, a las que les interesa instituir un nuevo desorden mundial, para gobernar más fácilmente un mundo en caos, que no respete las instituciones, los sanos liderazgos y al que la palabra disciplina le suena más a una fábula de Esopo, que a una columna vertebral de las sociedades viables y avanzadas.

¿La inconformidad existe? ¿Las políticas abusivas se están dando? ¿Muchos gobiernos de la derecha han mal gobernado? ¡La respuesta a estas y otras preguntas, es un absoluto y mayúsculo SÍ!

¿Existen policías, militares y agentes del Estado que se portan como delincuentes y que además de abusos, cometen delitos? Nuevamente, la respuesta es un contundente ¡por supuesto!

¿El proyecto de reforma tributaria, en medio de una crisis económica global y de un país empobrecido, es una canallada? ¡Pero claro!

Pero decir que todas las acciones de los gobiernos, de los agentes del Estado o de los políticos, buscan la ruina de los pueblos, sería una falacia tan grande, como decir que todos los manifestantes son violentos o que todos los jóvenes se dejan llevar por liderazgos malsanos.

La crisis, el descontento, la protesta, los actores y las causas del caos, debemos ponerlos en sus justas proporciones.

En Colombia por esta época, hemos sabido de abusos policiales serios, que incluso han terminado en la muerte de civiles. Supimos de un agente del Escuadrón Móvil Anti Disturbios ESMAD, que aparentemente, frente a una compañera, manoseó y abusó en Cali, de una joven que ha denunciado los hechos. Y si bien, hay policías que no respetan a los seres humanos y a su Patria y creen que el uniforme es un disfraz de ilegalidad, al que pueden vapulear, para cometer crímenes, no vamos a creer que es la Institución, la que comete los crímenes y vamos a irrespetar y destrozar a nuestras instituciones, porque hay manzanas podridas, que deben ser apartadas, judicializadas y castigadas, con todo el rigor de la ley.

De otro lado, así como hay víctimas de algunos delincuentes, vestidos de “autoridad”, también hemos tenido policías y militares, humillados, atacados y hasta asesinados por los verdaderos enemigos de la paz y la armonía. Hemos presenciado el horror de ver a seres humanos ultrajados y secuestrados en territorios del Cauca, por ser simples soldados de la Patria, que cumplen con su deber.  El país ha visto impactado como hombres y mujeres, han sido golpeados y quemados vivos, por el simple hecho de ser policías y estar cumpliendo con su deber. Un policía en Soacha, murió a causa de 35 puñaladas, mientras su arma de dotación, estaba guardada, porque usarla para defenderse, hubiese sido catalogado como un abuso de fuerza, en medio de estas protestas.

Los hijos, las madres y parejas de los colombianos asesinados por agentes del Estado, en eventos de protesta, bajo el uso desmedido de la fuerza, lloran, sufren, claman y quedan tan desprotegidos, como los hijos, madres y parejas de los policías y soldados honestos, caídos en ejercicio de sus obligaciones constitucionales. La violencia, todos la vivimos con gran dolor y nos causa tanto daño a unos, como a otros… ¡somos hermanos de la misma Colombia!

No nos llamemos a engaños. El uso legítimo de la fuerza, es uno de los pilares de la civilización moderna, que ha logrado, entre otras cosas, hacer viables las naciones. Si no hay autoridad legítima, imperaría la anarquía y nadie podría protegernos. Por supuesto, sin el abuso y con la veeduría de los organismos de control.

¡Los que hoy asesinan e incendian policías, mañana pueden matarlos a ustedes y a sus hijos! ¡Los que hoy rompen vidrios, roban y vandalizan la propiedad pública y privada, que usted y todo el pueblo, pagamos, luego van a venir a robarle y destrozarle la casa a usted y a los suyos!… Ya muchas casas, vehículos particulares y negocios de pequeños emprendedores, han sido destruidos y atracados, en estas fechas.

Ahora bien, aunque el descontento nacional, con una absurda y canalla reforma tributaria, es tan claro, como claro fue el hecho de que el gobierno Santos hizo reformas, que nos dejaron el IVA en el 19% y una deuda de más de doscientos billones de pesos. ¿Cuál es la diferencia? El enfoque dado por los medios de comunicación y por los líderes del partido comunista, de los progresistas, verdes y demás grupos afines. Lo que llevó a que, al anterior mandatario, no le hicieran estas escaramuzas, porque, además, las políticas de Santos eran afines a sus intereses, no a los del pueblo, sino a los de quienes hoy convocan al desorden y al odio, poniendo a sus oscuras intenciones de malsano poder, una careta de justicia, derechos y justa protesta.

Por otro lado, es fundamental blindar el libre derecho a la protesta pacífica, porque los ciudadanos debemos seguir alzando la voz, debemos seguir manifestándonos y saliendo a las calles o movilizándonos por las redes, cada vez que los entes de poder, quieran avasallarnos. Pero por favor, no nos dejemos manipular ni por unos, ni por otros. 

Convocar a salir a protestar en medio de una pandemia, mientras se está en la seguridad de un hotel en París o en Roma o desde la comodidad de una mansión a las afueras de Bogotá, como hacen ciertos milicianos indultados por encima del dolor de sus víctimas, debe ser considerado, de acuerdo a la Constitución y al Derecho Internacional Humanitario, un crimen gravísimo, ya que sus consecuencias están en conexidad con la violación al derecho a la vida y por ello, se constituyen en crímenes a la salud pública.

¡El problema no son los nuevos liderazgos que creen en un país mejor y que luchan día tras día por sacar adelante sus proyectos de vida en lo empresarial, lo político, lo artístico y lo social, sino los políticos corruptos, que se agarran del poder institucional, como si fuera una ubre privada, para ordeñarla, hasta acabar con todo, lo que nos pertenece a todos!

¡El problema no son los marchantes pacíficos, ni los jóvenes confundidos, sino algunos de los viejos dirigentes gremiales, muchos delincuentes disfrazados de líderes sociales y varios de los líderes políticos que luego de alzarse en armas contra los más humildes, hoy quieren alzarse con el poder total, para jodernos a todos!

Finalmente, duele Colombia, duele ver que nos están matando. Una frase que usan los de la derecha y los de izquierda, mientras sí, nos están matando de aburrimiento, de desespero, de hambre, de corrupción; nos matan con pésimos servicios de salud, tanto para los pacientes, como para los pobres médicos y demás trabajadores de la salud. Nos matan con el narcotráfico, nos matan los delincuentes comunes, como nos mataron los líderes del partido de los comunes, cuando violaban niños, secuestraban campesinos y obligaban a abortar a cientos de mujeres víctimas de sus abusos, mientras hoy se regodean desde el Congreso, ayudando a generar el caos y la zozobra. Nos matan, como nos han matado los paramilitares, los guerrilleros, los narcotraficantes, los políticos corruptos (muchos de los cuales, han sido todo al mismo tiempo). 

Sí, nos están matando también con el odio de clases que promueven algunos, para que hermanos colombianos, nos miremos con desconfianza, nos insultemos y hasta nos acribillemos, sólo por pensar diferente, mientras los que azuzan el odio, toman tintico en el club o en los pasillos de los bunkers, sean del poder ejecutivo, legislativo, judicial, bancario o del cuarto poder.

Mientras tanto, los buenos y los perversos, salen a destrozar los bienes públicos y privados, para que después los que nos provocan, nos obliguen a nosotros, al pueblo, a pagar de nuestro bolsillo y del de ellos, los daños causados.

No mostramos la inteligencia suficiente, para saber que, en lugar de derribar una estatua, ícono de los caleños, podemos usar la academia y la vía legal, para reemplazarla por algo que represente más a los vallecaucanos o a los indígenas, algunos de los cuales salen a destrozar lo de los demás colombianos, mientras los demás colombianos no van a sus territorios a destrozarles nada y sí les toca pagar su vandalismo, sus subsidios y hasta su transporte, para movilizarse a donde van a “protestar”.

Otros, echan por tierra, la imagen de Antonio Nariño, quien además de defender la causa de los indígenas del sur del país, humillados por Bolívar; tradujo el catálogo de los Derechos del Hombre, referente, entre otros, de los derechos, que hoy tanto dicen defender los promotores del desorden. Quienes, por demás, tienen embrutecida a la gente haciéndoles olvidar que todos los derechos, van de la mano de los deberes y del límite de los derechos del otro.

Queman buses, edificios y personas, en vez de convocar reuniones masivas de ciudadanos indignados, que cual cabildo abierto, obliguen a presidente, ministros, congresistas, magistrados y demás funcionarios públicos, a responder por sus actos, en el más limpio e inteligente uso de la ley. Obligándolos, incluso, a negociar las grandes decisiones y los grandes presupuestos, como debería ser, por su obligación, como empleados del pueblo colombiano. Pero no, como en el estado salvaje, que menciona el pensador Hobbes, en su libro Leviatán, parece que además de que nos están matando, queremos matarnos unos con otros, por las sobras del poder de los más corruptos.

Y termino, con la pregunta que tituló esta columna: ¿Duque y sus amigos pretenden entregar el país a la izquierda golpista?

¿Golpista? ¡Sí, golpista! Porque aquellos que siempre buscan el poder causando odio, desinformación; que han empuñado las armas; que han apoyado gobiernos totalitarios y golpistas, no son más que un reflejo de todo aquello que han apoyado. Lo que pasa es que los golpes de Estado, tiene diversas y a veces, sutiles formas de gestarse y estas, son algunas de ellas.

Y todo parece indicar que el gobierno actual, con su debilidad, su falta de contundencia y sus nefastas políticas en contra de la clase media (que es la mayoría, mientras e empobrece, más y más) está abonando el terreno para que los provocadores se tomen el poder en las próximas elecciones. Esos provocadores que hoy le venden a los jóvenes y a los incautos una fantasía de totales derechos, para luego darles en la cabeza, con gobiernos totalitarios, que anulan todas la libertades y derechos. 

Pilas presidente, que puede pasar a la historia, como el que permitió la mayor miseria jamás vista.

Y nosotros, ¡ojo!, que todo esto nos sirva para mejorar como ciudadanos y no para que nos generen una inmunidad de rebaño, ante la inteligencia y el correcto uso de la institucionalidad.

Que no se trate de revolución (palabra muy usada por el socialismo soterrado), sino que se trate de re-evolución, en tiempos de crisis. Y ¡que, les caiga el guante!

3 Comentarios de: “¿Duque entrega la nación a la izquierda golpista?¡QUE LE CAIGA EL GUANTE! Por: Julio César Mancera-Acosta

  1. Creo señor que usted tiene una animadversión con esa izquierda, no se necesita de ella, o la derecha para decirle que no es justa la distribución de la riqueza, Colombia sigue igual, o peor porque han sembrado el clasismo, para diferenciarse con el resto, no con su prójimo odia la izquierda porque cree que podrá hacer la diferencia con programas más avanzados en ayudar a los que más problemas tiene, es importante ayudar a cambiar los que nacieron pobres dandole posibilidades no regalandoles títulos sino que se preparen con un visión de estado de que necesitamos de todos, no enjambre el camnino como un sistema no ideologico, sino humanista, universal de derechos en acciones y no palabra que terminan quitandonos igual el dinero porque el impuesto se lo lleva el estado que el pueblo nunca o casi nunca le saca provecho, hay que democratizar la tierra no han pensado porque esa lucha de izquierda la llevaron a radicalizarse, porque ustedes sencillamente la derecha son intolerantes al igual que ellos, un gobierno decente escucha y trata a los extremos con respeto, necesitamos algo que les diga a ambos polos los respetamos y construiremos país ambos

  2. Excelente artículo que bueno, ojalá estos análisis serios los vea mucha gente. Gracias

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