Yo no protesto: Por Hernando Cortés Luna

Hernando Cortes Luna-Columnista- elBogotano

Con la pobreza y el desempleo disparado, detener el aparato productivo es un exabrupto. Como país no nos podemos dar el lujo de parar. No es justo ni sensato con ese más de 40% de colombianos que están en la pobreza, ni con ese gran porcentaje de colombianos que solo pueden comer dos veces al día. 

Si bien la pandemia ha causado un daño abrumador, no podemos permitirnos flaquear. En los momentos de crisis es cuando más toca sacar pecho y seguir luchando para mejorar. Los cacerolazos, las marchas, etc, son manifestaciones válidas; hay mucho dolor e impotencia acumulados. Muchos hemos visto negocios cerrar, amigos y familiares perder sus empleos, o conocemos a alguien que haya perdido un familiar por Covid-19. Salir a marchar es válido, pero necesitamos más. 

Salir a marchar no genera empleo, no salva vidas, no disminuye la pobreza, no garantiza educación, no soluciona nada. Sin embargo, marchar sí es un mecanismo de presión útil. Saber que ese clamor ciudadano logró tumbar una reforma tributaria diabólica es un hito democrático importante; Pero ¿qué sigue después del paro? 

Las marchas pacíficas han sido ejemplo de civismo y merecen ser escuchadas; desafortunadamente, el derecho a la protesta pacífica ha sido profanado por el vandalismo. En el marco del paro nacional, negocios quebrados terminaron siendo saqueados, buses y estaciones de transporte público han sido vandalizados, bloqueos han impedido que medicina y alimentos transiten por el territorio causando desabastecimiento y, por lo tanto, encarecimiento de productos. Hay quienes por razones políticas, y por posar de bonachones revolucionarios son capaces de poner a una ciudad entera a pasar hambre. Totalitarios jugando al Ms. Simpatía. 

La irracionalidad se ha tomado las redes sociales.  La prensa, que se creía seria y rigurosa, ha fallado y ha decidido renunciar al periodismo por dedicarse al amarillismo quinceañero. Las noticias falsas son pan de cada día. Los jóvenes, caracterizados por su afán de hacer el bien y mejorar el estado de cosas, se encuentran en un frenesí donde no saben a quien confiarle sus buenas intenciones y ceden ante la inmediatez y el impulso. Hoy vemos jóvenes que sufren más por el maltrato animal que por un aborto. Las modas de hoy. 

Si verdaderamente queremos un país que progrese, no podemos ceder al facilísimo, debemos, todos los días, ser mejores personas, mejores profesionales, mejores ciudadanos. Los grandes cambios no provienen de los gobiernos. No se nos puede ir la vida pidiéndole al gobierno como si fuera un Papá Noel todo lo que nos gustaría tener y que consideramos un derecho. Los derechos son prerrogativas que tienen los ciudadanos frente al Estado, y si bien la constitución consagra que el Estado debe satisfacer ciertas necesidades, lo cierto es que el Estado no es todopoderoso y nunca lo será. Seamos responsables de nuestro propio destino. Somos un pueblo libre, somos ciudadanos libres con la posibilidad de decidir qué queremos hacer con nuestra vida.

No podemos esperar a que un político venga a resolvernos los problemas. Si queremos oportunidades, necesitamos tener un país donde el capital no huya, sino que se quede y genere empleos. Si queremos mejor educación debemos poder evaluar a nuestros profesores y enfocarnos en aquellas carreras y programas que tanto reclama el mercado laboral.

Si somos enemigos de la pobreza, de la desigualdad, del desempleo, debemos ser consecuentes con nuestros actos. Bloquear vías, derribar estatuas, rayar paredes, saquear comercios, apuñalar policías, son actos propios de un energúmeno. Una persona racional se opone a la destrucción y pone sus habilidades para el reto de crear. Crear siempre será más difícil que destruir. Tenemos derecho a protestar, pero tenemos el deber de actuar para solucionar, desde nuestra libertad, todos aquellos problemas que nos aquejan.   

Yo no protesto como lo hacen los demás, y no lo hago porque me falte esa empatía que tanto se luce hoy en redes sociales casi como una estrategia de marketing. Yo protesto contra la pobreza y por eso decido formarme y estudiar, para poner mis habilidades a disposición de un propósito de país y de una sociedad más justa. Invito, a quienes tienen la posibilidad de formarse y de recibir educación, a que, atiendo a un deber generacional, aprovechemos nuestras oportunidades para poder garantizárselas a quienes vienen detrás.

No entregues tu libertad esperando a que el gobierno actúe, hoy que tienes libertad, aprovecha para iniciar el cambio. Si quieres una sociedad más justa, se más justo. Si quieres una sociedad más próspera, monta un negocio y genera empleo. Si quieres una sociedad más educada, lee, estudia, analiza, y no compartas noticias falsas. Si quieres una sociedad mejor, se mejor. Ni la desigualdad, ni la pobreza, ni el desempleo se solucionan vía decreto.

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