Vacuna pedalista: Por Tomás Tibocha

Tomás Tibocha
Tomás Tibocha. En Twitter: @tomastibocha

Sin gregario y con abucheos, así arrancó el Plan Nacional de Vacunación su gran premio de montaña, una cuesta desconocida que, además de niebla y una inclinación de 35 millones de connacionales, parecía tener curvas hechas solo para lanchas o caballos; ni el mismo Egan se le hubiese medido a semejante reto.

No fue el mejor arranque, es cierto; hubo gran desconfianza frente el devenir de la carrera. La ventaja de algunos equipos, como los de Chile y Argentina, rápidamente generó angustia y desespero; se necesitaba más y el Plan Nacional lo sabía, la velocidad de las 135.982 dosis por febrero no era suficiente.

Pese a todo, este, con fe en la causa y una estrategia de 5 fases, siguió pedaleando, en silencio; ni las críticas de la tribuna lo mermaron, ni el escepticismo de ciertos sectores de la opinión pública lo desalentó. Así alcanzó las 2.243.392 vacunas acumuladas para marzo y las 4.986.471 para abril, un ritmo que, aunque distante aún del objetivo, empezaba a mostrar pedalazos de velocidad crucero.

Sin embargo, venía lo más duro. El anunciado fantasma del tercer pico, una llovizna de brusco caer, empezaba a asomarse de a pocos advirtiendo un aguacero irremediable. En medio de ese preámbulo, y como si la pendiente per se no fuese lo suficientemente empinada, llegó la manifestación de los espectadores: una movilización masiva y sin precedentes, que sacudió el desenlace de la carrera.

La carretera se bloqueó y el paso se hizo angosto; era el furor de la protesta. Se había formado un coctel de obstáculos para el Plan Nacional que el resto de competidores, dados a la fuga, tan solo podían ver desde lejos mientras avanzaban y figuraban en los noticieros con un formidable primer plano.

En esas, las piernas del Plan ya empezaban a arder. El tercer pico, las marchas y la impaciencia pasaban su factura; el tramo de mayo era, a su manera, el punto de inflexión de la contienda. El "profe" Ruíz, que atendía con paciencia la incesable curiosidad de la prensa, alentaba con terco optimismo al otro lado de la valla, como si ya conociera el desenlace.

Y es que él, como pocos, había entendido que, con sus imperfecciones y tropiezos, el Plan era la esperanza de un país entero y, como tal, tocaba apoyarlo a como diera lugar. Era una carrera de matar o morir, y así se sorteó la contrarreloj de mayo, con un destacable registro de 10.092.122 vacunas en la general, que, además de duplicar la marca de abril, ya empezaba a recortarle distancia a los líderes.

Con la llegada de junio, se ajustó su casco Covax, engranó el piñón bilateral y se volcó con esfuerzo privado hacia la pendiente. Para ese entonces, tras varios kilómetros recorridos, el Plan Nacional ya estaba listo para desafiar nuevas velocidades. Aunque el pico seguía, la motivación también estaba en bonanza, pues ya no solo era una generación la vacunada; eran dos: abuela y mamá con biológico.

Tal fue el impulso que julio se recibió con una marca récord de 8.189.621 dosis al mes, para un total de 18.281.743. Acá no se frenaba ni en las curvas, que se tomaban con guapura a 519.595 vacunas por día, como la del pasado 9 de julio. Ya la noticia no era superar el medio millón en un día; era bajar de 350.000 aplicaciones diarias.  

Y, así va, en presente, porque esta historia no puede seguirse contando en pasado. Todavía queda montaña y, solo juntos, se coronará. Hágale, ministro, que, al mejor estilo de santo Tomás, ya le abundan los gregarios. Si no es en bicicleta, será en mula, avioneta o canoa; pero, será. La cima es nuestra y usted, más que nadie, lo sabe bien. 

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