Secuestrado con el pretexto de mi muerte: Por Sebastián Narváez

Pasé algunos días pensando en la censura a Alejandro Bermeo, las palabras de Daniel Quintero, y hasta en un decreto de toque de queda en un pueblo de Sucre. La libertad de escoger mi destino me ha sido presentada como algo extraordinario, como un valor agregado del sistema democrático, cuando en verdad me pertenece por naturaleza. El globalismo quiere obligarme a creer en el derecho selectivo, argumentando unos derechos colectivos que violan el libre albedrío de las personas. Ese es el debate en torno a la vacunación y los nuevos pasaportes sanitarios que rigen por encima de la libertad. Soy de los pocos que se toma la irreverencia de cuestionar decisiones que tienen un impacto negativo en la mayoría. Sin embargo, esto no es una invitación a vacunarse o no y mucho menos a desprestigiar la ciencia, es tan solo un llamado a hacer respetar mis derechos individuales y no dejarme amedrentar por la impopularidad de decidir por convicción y no por obligación.

Desde hace meses que tengo graves diferencias con el alcalde de Medellín, tan malo que, si la Eterna Primavera sigue floreciendo es porque sus ciudadanos han sido una verdadera resistencia a los abusos de la ineptitud administrativa. Cuando creí haber visto lo peor de Daniel Quintero, a mis manos llegó un video en el que anuncia nuevas restricciones que prohíben el ingreso y participación en eventos de aquellos ciudadanos que por libre voluntad han escogido no vacunarse. Impávido por sus palabras reflexioné que este es el nuevo modus operandi de la opresión globalista. No quiero especular que esto tenga que ver con el Apocalipsis ni la marca de la bestia, pero sin duda hay unos intereses muy oscuros detrás de secuestrar las libertades individuales con la excusa de un virus. En el mundo hay una clara división bipolar frente a este tema, una izquierda que me quiere obligar a vacunar y una derecha que me permite convencerme de mi decisión sin opresión. He llegado a pensar que por convicción propia lo haría, pero en mí se abren más dudas que esperanzas cuando recuerdo que el gobierno me lo quiere exigir.

Como no estoy vacunado, no tengo más remedio que acogerme a las arbitrariedades de las potestades que les han sido otorgadas a estos hipócritas. Prohibirme las mieles de la libertad no será tan difícil como aceptar que me gobiernan inútiles. Los mismos que se vanaglorian por una supuesta defensa de los derechos del hombre, y no advierten que el articulo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos me permite el derecho a la libre circulación con excepciones constitucionales. La vacuna no es una de estas excepciones. También recuerdo los tiempos de la universidad en los que leí sobre la libertad según Kierkegaard, quien me enseñó que la clave de la vida es sufrir como consecuencia del libre albedrío, para que en la siguiente oportunidad el hombre tome una decisión libre por necesidad. Es decir, si la muerte de miles de personas no ha sido suficiente para convencer a la población, las medidas autoritarias nunca serán más fuertes que el estímulo de dicha convicción. El filósofo danés siempre maneja particulares apuntes hacia la fe religiosa, que en contexto le harían provecho al debate de la vacunación y los pasaportes sanitarios. Analizando desde una perspectiva más solida puedo argumentar que vacunarse contra el Covid-19 es un deber moral de todos, tan importante como el deber moral de no venderlo como necesidad ni deber constitucional. Porque así funciona la moral, por fe y no por obligación.

Al detenerme en algunas de las nuevas restricciones y el propósito de ellas, me di a la tarea de analizar la retórica con la que se pretende asustar a los ciudadanos. Los políticos apelan sin vergüenza al sentimiento de culpa, haciendo parecer que quien no se vacune es asesino por defecto. Pero si quienes libremente han tomado la decisión de vacunarse gozan de alguna protección, entonces no hay tales derechos colectivos violados ni afectación de terceros, porque la decisión de no vacunarse solo afectaría a quienes no quieren hacerlo. Si la vacuna cumple el propósito de proteger, quienes se han acogido ya no necesitan un mandato ni Estado que los proteja en esta materia. Por consiguiente, mi libertad de no vacunarme no traspasa el límite marcado por los derechos de los demás. Quien si traspasa mis derechos es el Quintero opresor, el Sucre totalitario, dispuestos a segregar de cualquier forma y lugar las decisiones de un alma libre que escoge sobre el futuro de su vida. No me sorprendería que comencemos a sufrir de un arrinconamiento selectivo, pues cada vez son más las medidas sanitarias que indican los viles deseos de dividir el mundo en dos. Quienes aceptan los derechos que les han impuesto, y quienes mueren con los derechos que los vieron nacer. Me permito sumarme al segundo grupo.

Las palabras de Quintero, las decisiones de algunos otros alcaldes y gobernadores serán cuestionadas por la historia. Lo que no puedo dejar pasar por alto es la censura de la que fue víctima Alejandro Bermeo en su canal de Youtube por criticar las palabras del alcalde de Medellín. Es como si los derechos democráticos solo existieran sobre los bienes tangibles, ya que sin duda los bienes intelectuales son los más fáciles de reprimir. Entonces Alejandro exhorta también el feudalismo digital del que somos víctimas, en el que cuando no decimos lo que el gran señor quiere oír, somos despojados por su ejército informático. ¿Igualdad? Cuando la Organización Mundial de la Salud dio datos errados sobre el virus, e incluso indicó que el tapabocas no debía ser utilizado nadie la censuró. Tampoco nadie se pregunta el por qué no fue censurada, pero no me asusta pensar que el dinero los compró. Entonces me atrevo a afirmar que al globalismo no le interesa la vida de las personas ni sus derechos, y han convertido la muerte en chiva de campaña. Por el momento seguiré siendo impopular, y de ser necesario segregado como la verdadera resistencia al autoritarismo que hoy consume al mundo. Secuestrado por inútiles bajo el pretexto de mi muerte.     

Comenrarios de: “Secuestrado con el pretexto de mi muerte: Por Sebastián Narváez

  1. Me parece muy crudo lo que estamos viviendo, lo peor de todo es la cantidad de gente dormida (borregos) y que sigue estas medidas sin cuestionarse, sin refutar, sin dudar o preguntarse.
    estamos cada día más cerca de la distopía de un nuevo orden mundial, todo ha sido orquestado con mucho tiempo, y estamos viviendo la transición, pero no nos vamos a detener, no vamos a parar ni ceder un solo paso, porque la libertad es intocable, es sagrada como la vida misma, y jamás nos venceremos.

    No podemos permitir que la masonería, las ongs, el gobierno mundial y toda esta serie de sociopatas de la elite impongan la nueva esclavitud de forma tan agil, sin que seamos una piedra en el zapato de todo lo que viene.

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