Responsabilidad liberal. Por: Rafael Nieto Loaiza

Rafael Nieto -Columnista- elBogotano

Esta debería haber sido una columna relativamente fácil de escribir pero el caos de la información en el resultado de las elecciones la hace difícil y condicionada. Con base en lo que sí sabemos me atrevo a hacer estas conclusiones:

La gran perdedora es la Registraduría. Mucho va del anterior Registrador, un jurista serio y prestigioso como Juan Carlos Galindo, a quien nadie le discutió los resultados, entre ellos el de un cerrado plebiscito, y un politiquero como Alexander Vega. Más allá de los rumores sobre su conducta, Vega, que fue magistrado del Consejo Nacional Electoral, ya había embolatado la investigación contra Santos por la financiación ilegal de Odebrecht y fue acusado de extorsión por un candidato al Senado: según Andrés Guerra, Vega le pidió 1.200 millones de pesos para salvarle la curul en el 2010. Vega ha manejado la Registraduría como un fortín político. A pesar de que el ex presidente Pastrana le ha solicitado información sobre sus reuniones con Indra, proveedor del software de escrutinio de la entidad, se ha negado sistemáticamente a responder el derecho de petición. Vega tampoco ha explicado porque el contrato de los sistemas del proceso electoral lo hizo en selección abreviada, con condiciones que solo podía cumplir un único proponente. Ahora hay acusaciones de fraude de sectores partidistas enfrentados y reina una profunda desconfianza en la Registraduría. Es muy difícil de explicar que en el escrutinio a un solo partido le hayan aparecido 390.000 votos adicionales, un 17% más de los que sacara en el preconteo, y que en ese preconteo se haya equivocado el 25% de los jurados. Aunque fuese un error técnico, como algunos sostienen, es inaceptable. Vega debería renunciar, habría que nombrar un Registrador ad hoc, y sería deseable hacer un nuevo conteo, de manera que no haya duda alguna sobre el resultado. Dicho esto, pierden también los tres presidentes de altas cortes que eligieron a Vega a pesar de todas las advertencias previas.

Perdió también Sergio Fajardo que, aunque ganó la consulta del Centro Esperanza, sacó doscientos mil votos menos que cuando fue Gobernador de Antioquia en el 2011. Aunque en el 2018 estuvo muy cerca de pasar a segunda vuelta, todo parece mostrar que en esta ocasión la elección se polarizará entre Petro y Fico Gutiérrez y no habrá espacio para una tercería del Centro. 

Mal les fue también al Nuevo Liberalismo y el Movimiento de Salvación Nacional, dos partidos que habían vuelto a la vida en virtud de una sentencia de la Corte Constitucional y que no superaron el umbral. Tienen la ventaja de que mantendrá su personería jurídica hasta las próximas elecciones.

Lo de Peñalosa es inexplicable: formidable alcalde Bogotá, terminó pidiendo aval del partido de la U y obteniendo 231 mil votos, incluso menos que la candidata del Mira. La ciudadanía sigue sin reconocerle sus enormes méritos como estratega urbano y ejecutor. 

Si lo del ex alcalde es dramático, lo de las Farc es patético: apenas 31 mil votos, un 40% menos incluso que los pobres 53 mil de hace cuatro años. No les sirvió el cambio de nombre, queda demostrado que no representaban ni representan a nadie y que su gestión en el Congreso es de llorar.

Muy regulares el Centro Democrático y Cambio Radical. El CD, que fue la agrupación más votada en el 2018, pierde el 30% de sus senadores y el 50% de representantes. Paga la creciente mala imagen de Álvaro Uribe y sus errores políticos, la baja popularidad de Duque y la incapacidad de la colectividad de tomar distancia de su gobierno, la enorme frustración de las bases y dirigencia local que lo vio gobernar con otros distintos a su propio partido, y la muy mala comunicación de sus aciertos. En cambio sus errores y debilidades acaparan el foco de la opinión pública. El CD paga también, me temo, una alta inflación que nadie controla y un desempleo que, aunque mucho mejor que el de la pandemia, no se compagina con el crecimiento de la economía. 

Y entre las patas del CD cayó también Oscar Iván Zuluaga. Apartado de las consultas, con el costo político que ello supone, OIZ se hizo inviable después del resultado de su partido en el Congreso. De nada le sirvió ser el que mejor conoce el Estado y el país entre todos los candidatos.

Una incógnita: lo que sucederá con Rodolfo Hernández. Hay quien dice que puede dar la sorpresa. Yo creo que quedará desaparecido en la polarización que se vendrá.

Ganadores menores Francia Márquez, Carlos Amaya y David Barguil, todos por encima de lo esperado. Y los partidos tradicionales, liberal y conservador, con buena representación en el Congreso.

Muy bien Fico Gutiérrez, que con puro voto de opinión tuvo más apoyo que sus cuatro competidores sumados en la consulta del Equipo por Colombia. Fico tiene la tarea de ganar los votos del centro. Ya cuenta con los demás. La izquierda intentará estigmatizarlo como el de Uribe.

Gran ganadora, la izquierda radical. Salta de 9 a 19 curules en el senado y Petro consigue en la consulta casi los mismos votos que en la primera vuelta del 2018. Sin embargo, estuvieron por debajo de sus propias expectativas. No obtuvieron las mayorías en el Congreso que predijeron y no hay manera alguna de que gane en primera vuelta. 

En las alianzas para la segunda está el corazón del desafío. Y, más allá de lo electoral, el futuro de Colombia. La responsabilidad del partido liberal es monumental.

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