Maldita democracia. Por: Sebastián Narváez Medina

Exhorto al atrevimiento una vez más para llamar a Petro perdedor. Qué angustia cuestionar el tipo de democracia en la que vivimos, una que les permite a los perdedores seguir hostigando a las masas, importunando sus realidades y flagelando sus votos para saciar los caprichos de un tirano. ¿a las cuantas veces de haber perdido legalmente el derecho a ser presidente se le prohíbe a un fracasado seguir en la escaramuza por conseguirlo? Que débil y pusilánime es nuestra democracia, en cuanto el pueblo elige ella castiga. Han pasado algunas dos décadas de Gustavo Petro perdedor en las urnas, en los medios, y en el corazón de todos quienes somos víctimas de su entramada, y aun así el cinismo del sistema pretende que mude el resultado en propósito del cambio. No mudará. Gustavo Petro es un perdedor, no es el cambio, y ahora más que antes sin importar lo que ocurra en esta segunda vuelta, la historia lo seguirá recordando como un perdedor.

La política dinámica y la incoherencia, esas son las banderas de un color con tinte de pacto. La misma democracia permisiva e ilimitada con el tirano, consiente los deseos de su Sancho Panza. ¿De cuántos partidos hay que calzarse para mantener el poder? Roy y Armando hablan de cambio. Ellos son el cambio. Han ido de enemigo en enemigo mofándose del pueblo y anclando sus tentáculos, cambiando de títere sin desistir de lo único que les llena su mezquindad, el poder. Maldita democracia fácil y arrodillada a vampiros astutos que se la empeñan en un cabaré. Es tarde, y sin vergüenza, no advirtieron de su llegada al peor de los títeres, uno que los acabará de sepultar en lo más hondo de su miseria. Gustavo Petro, el perdedor en un último intento antes de la perdición absoluta.

En algún lugar de este platanal que llamamos democrático se han dispuesto aquellos que han hecho de Gustavo un perdedor. Nosotros u otros, pero muchos. Aquellos que somos el movimiento antipetrista, de muchas corrientes políticas, un verdadero Pacto Histórico.  Una resistencia al establecimiento, a una democracia vacía, y verdaderos precursores del cambio político, cuya naturaleza precede un capitalismo digno y el acuerdo sobre lo fundamental. La democracia falla una vez más. ¿Cuántos de ellos ejercen su derecho de voto por convicción y no por menester de alejar las malas prácticas de sus intereses? Ninguno. La democracia es justa y egoísta a su manera, y nos incita al voto de adversidad.

Estamos de cara a aquel voto de adversidad, el voto por Rodolfo Hernández. ¿Qué es la democracia si no es el voto por deseo? Es sin duda la responsabilidad moral de proteger los intereses de los súbditos sacrificando las convicciones por la única certeza que prevalece, la libertad. En otras palabras, llamar a Petro una vez mas perdedor. No nos es ajeno que Hernández comparte nuestras convicciones económicas mas no culturales. De cualquier forma, más vale un presidente que nos permita en franca lid ser la oposición, a uno que nos reprima y encadene a las necesidades de su narcisismo. Así concluye el voto de adversidad en esta triste democracia, la promesa del apoyo en las urnas con una cláusula de antagonismo intrínseco.

Asimismo, concluye este reproche a la mentira de democracia en la que vivimos, la que a pesar de las innumerables negativas tiene a Aureliano de vil fracasado en el podio, y nuestros votos presos de sus delirios revolucionarios. Nos enfrentamos a la posibilidad de que un perdedor gane, aún siendo perdedor. Maturana haría por fin sentido de su filosofía. Solo queda una batalla, el tirano o el voto de adversidad; que entre el diablo y escoja. En la democracia de necesidades y no de convicciones, débil y amarga como la lluvia de Ilona, prevalece en su esplendor la resiliencia de quienes en un domingo de bicentenario salvarán la patria. Dios y larga vida al viejo presidente.

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