Consenso, cualidad esencial del político. Por: Pedro José Villa López

Pedro José Villa

Si usted es consciente de la situación a la que se enfrenta Colombia hoy, es probable que adivine sobre que versa esta corta opinión que intentaré construir y manifestar. Pero primero, ¿qué significa ese “ser consciente” de la situación? ¿significará acaso estar a favor del candidato de la izquierda radical? ¿votar en blanco? O acaso significa apoyar al ingeniero Tiktoker y apartidista? (si no sabe eso qué es, le ruego averigüe sobre el Tik Tok, porque sucede que tenemos varios congresistas electos gracias a dicha plataforma). Démosle cuerpo entonces a esta reflexión. 

El estar o no con un candidato, no es más que una muestra de afinidad, total o parcial, por ciertas ideas. O al menos eso significaba antes. Este año, enfrentamos un mensaje claro en la vuelta final por la presidencia: el cambio. El problema radica en que, para bien, o para mal, ese cambio está por llegar. Explicar por qué los colombianos queremos el cambio o quienes han dañado la democracia y en qué medida, sería repetir lo que el colectivo aclama cada cuatro años: más educación, menos corrupción, menos impuestos, más presencia del estado, menos violencia, menos pobreza extrema, menos cocaína, más empleos, etc. Cabe decir que algunas son más románticas que otras, pero en esencia, son peticiones legítimas. 

Aun así, por más empeño que ponga un gobernante en cumplir la totalidad de sus propuestas, siempre existirán los conflictos morales entre la forma como la política se desenvuelve y la forma como pretendemos hacerla y ejercerla. ¿Existen límites acaso? Los acuerdos políticos, las amistades, todas son cosas típicas del medio político y condenarlas en su integridad, sería condenar la naturaleza misma del ser humano y vivir en anarquía, sin gobierno o representación, pues izquierda, derecha y el novedoso centro, necesitarán siempre de los votos del contrario para lograr un resultado. Necesitarán de acuerdos. 

Y el camino para los acuerdos es, tan diverso y variado como el camino a Roma. Podemos llegar a él de muchas formas, la pregunta es qué tanto queremos llegar a él. Así que, por un minuto, sea usted fan del ingeniero, seguidor de Petro o estremecido votante en blanco, no le dé aureola a dos seres humanos que tienen las mismas dos manos, pies y ojos que todos los demás: ningún candidato será infalible, ningún candidato será el más correcto.

En todo caso, la mejor forma de gobernar será escoger alguno de esos caminos, para llevar las propuestas (manifestaciones de política pública) y, por lo tanto, dirigir a nuestros conciudadanos a un país más justo y mejor. Así lo quieren todos, ¿verdad? La pregunta es, cuales de los candidatos que se disputan la presidencia, tienen realmente la capacidad y sencillez de sentarse a conversar, de no atropellar y de sencillamente, sentirse así, como usted y como yo, de carne y hueso, como los congresistas, empresarios, jueces, como todos. Claro está, el carácter y la firmeza en las decisiones son esenciales, pero en las democracias la imposición no es otra cosa que un insulto a los stake holders.

Si un presidente o un partido político quieren poner a prueba un sistema político y social con un proyecto de ley, una propuesta innovadora, deberán en todos los casos, contar con el apoyo de alguno de los demás poderes del estado. Este apoyo, como la historia patria lo cuenta, puede ser sincero, puede venir atraído por la famosa "mermelada", puede ser también producto del querer un mejor país, pero eso sí, no se confunda, jamás llegará a ser exitoso, si es impulsado de forma tiránica y destructiva. El mejor político, el mejor hombre y la mejor mujer de estado, son aquellos que consiguen los mejores consensos, que ven en el otro servidor público, en el pueblo, en los privados, y en los demás en general: un interlocutor respetable

Ahora, no quiero decir que el consenso sea siempre el mejor y único medio para ejercer el poder, pues famosos gobernantes han caminado esta tierra, sosteniendo los estandartes y las banderas de la patria, militares, políticos, empresarios y artistas; en todo caso, el consenso representa una de las formas más impetuosas de alcanzar el éxito de su fin político, sin pisotear o maltratar, al contrario. ¿Cuál de los candidatos nos da más seguridad frente a este respecto? Respóndase usted. No pretendo decirle lo que puede verificar leyendo Twitter y revisando la documentación sobre las actuaciones públicas de ambos candidatos, pero es claro que Colombia después de la crisis de la  pandemia, una crisis de suministros, un gobierno duramente criticado, un conflicto internacional al otro lado del globo y una inflación que acecha, no puede permitirse el gobierno de un tirano

Sí, somos una nación en construcción, sí nuestra democracia es joven, sí nuestras instituciones aún necesitan ajustes, sí nuestros empresarios han crecido apenas en los últimos 60 años, -en comparación con las compañías estadounidenses de hace 100 o 200 años- pero aún tenemos patria y aún podemos asir las herramientas de la democracia para seguir dándole oportunidades a todas las personas del territorio colombiano. Es difícil hablar de coherencia, se despiertan las emociones políticas en las personas que no cesan de criticarse y revelarse secretos y pruebas de su incoherencia. Sin embargo, espero sinceramente, que independientemente de lo que pase hoy, no pase nunca desapercibida la falta de congruencia que uno de los que aspira llegar a la casa de bolívar tiene, y si es él el que las urnas lleven a la histórica mansión, sus decisiones desesperadas por gobernar significarán el fin y el desastre de su propio gobierno. Lo que tanto criticó, ahora lo hizo, ahora lo defiende lo camufla y lo ensalza...ay, ay colombiano, vote bien, vote con sentido y que no se le olvide, que siempre habrá un futuro al cual despertarse ¿cuál futuro quiere usted? ¿sus hijos, su familia, su negocio, la empresa en la que usted trabaja? 

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