Carpe Diem: Por Pablo Rosselli

Pablo Rosselli

Paul McCartney interrumpió un concierto en la mitad de una canción para reclamar al público que dejaran de filmarlo con sus teléfonos móviles, y los invitó a que más bien escucharan con atención. Así era antes de que existiera el celular; en vez de grabar como autómatas, la gente en los espectáculos solía cantar, bailar al ritmo de la música, abrazar a su pareja, besarla, o simplemente fijaba en la mente ese irrepetible momento.


Pero no, ahora es necesario registrar todo lo que acontece en nuestras vidas, como reporteros gráficos, para enviarlo a otros y mostrarles lo bien que la pasamos y lo felices que somos. A veces ni siquiera volvemos a mirar lo
grabado. Muchas personas sienten que, si no hay publicadas en la red imágenes de unas vacaciones, es como si estas nunca hubiesen existido.

Eso mismo se ve en otros escenarios: por filmar un atardecer o un reencuentro con la persona amada se dejan pasar esos pequeños instantes de introspección que quizás muchos desconocen. Otros, se pierden el nacimiento de un hijo, una sensación indescriptible, por estar concentrados en una buena toma que nunca será una fiel muestra del momento. Por supuesto que es bueno guardar un registro de lo vivido con una fotografía o una filmación, pero que esto no excluya la experiencia.


Hace algún tiempo, mientras regresaba en automóvil de las bellas playas del golfo de Morrosquillo con mi familia, al pasar por Sincelejo me llamó la atención el luminoso letrero de un motel llamado “Carpe diem”, una frase latina que significa “viva el momento”. La expresión se le atribuye al poeta Horacio (65-8 a.C), y se convirtió en un término que inspira a la literatura y que exhorta a disfrutar los placeres de la vida dejando a un lado el futuro que es incierto. Se entendió en la Edad Media como “vive el momento porque vas a morir pronto” y en el Renacimiento como “vive el momento porque vas a envejecer pronto”.


Volviendo al motel de carretera, el que le puso el nombre no solo es un genio, sino que además tiene un agudo sentido del humor, como el que, con una denominación menos elegante y literaria pero con el mismo mensaje de vivir intensamente la ocasión, le puso a otro nido de amor temporal “El ratico rico”.


Suena a frase trillada y a lugar común, pero si hay algo que no nos enseñan es a vivir el momento. Los niños sí que lo saben y lo disfrutan, y los adultos por razones educativas o culturales lo olvidamos. Estoy convencido de que la
felicidad está en esos pequeños momentos que unos dejan pasar y otros saben atrapar, como quien captura una bella mariposa en la red del tiempo que pasa y nunca vuelve. Dicho por Joan Manuel Serrat, “Son aquellas pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas…En un rincón, en un papel en un cajón… Son aquellas pequeñas cosas que el tiempo arrastra allá o aquí, que te sonríen tristes y nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve”.

Pablo Rosselli
Ortopedista infantil Fundación Cardioinfantil
Fundación Santa Fe de Bogotá

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