Sepelio de un comunista. Por: Sebastián Narváez Medina

Llegó el cambio a Colombia. Un hombre, Rodolfo Hernández, no contiguo a mis ideas, pero si a mis modos, ha logrado lo imposible. La primera vuelta presidencial fue una declaración política histórica en una América Latina inundada de gobiernos socialistas y paternalistas, que han desangrado la riqueza de sus pueblos. Colombia sigue de pie, y de manera masiva se perfila como un actor político diferente en el continente, una lucha por no dejarse abatir de la miseria del comunismo.

La estrategia, la verdadera unión. En la década de los sesenta en Colombia se unieron dos partidos contradictores entre sí, y acordaron cederse el poder cada cuatro años con el propósito de eliminar la amenaza comunista en las instituciones del Estado. Sesenta años más tarde se repite la historia de una manera inédita y emocionante. Un auténtico reencauche del llamado Frente Nacional, con la salvedad de que esta vez el Frente es de la gente y no de las élites políticas. La unión entre la ultraderecha, derecha, centro, e izquierda moderada de Colombia, para decirle a Gustavo Petro que hoy representa el continuismo y no el cambio que quiere el país.

Los hechos hablan por sí solos. Desde la izquierda moderada de Robledo y Nayibe, hasta la ultraderecha del fruto de las entrañas de Álvaro Gómez Hurtado, se presume de doce millones de colombianos que encausan un movimiento sin precedentes, el Antipetrismo. Una mayoría de constituyentes que pone al descubierto las oscuras ambiciones de un guerrillero moribundo en su tercer intento por ostentar el poder. Así es como nos olvidamos de las ideologías para abrirle paso a la libertad, la cual está en cause de perderse si el voto de la pluralidad no se consolida en las urnas.

Un guerrillero abatido en el combate de las ideas, y un ingeniero apoyado en el anti-establecimiento y la promesa de las fuerzas políticas con intereses encontrados en su campaña. Y es así como comenzó el desprestigio, la amargura de tener que sentirse perdedor, y los alucinantes llamados a que el Uribismo vote por él. Gustavo Petro representa todo lo que el país no quiere, lo que no necesita. Francia Márquez por su parte representa todo de lo que este país se avergüenza, el menester de llamarse víctima por encima de todos nosotros, la gente de bien. El mismo populismo politiquero de siempre.

Camino a la presidencia el callar ha sido clave para cerrarle el paso  aquel proyecto político sin destino. El silencio de Álvaro Uribe y el ímpetu de la experiencia han hecho lo suyo. Aunque las encuestas digan lo contrario, el voto de las mayorías silenciosas fue el que puso a Rodolfo Hernández en el segundo lugar durante la primera vuelta, y será el que le dé la victoria. Un voto silencioso que la izquierda radical no puede medir, y ante la incertidumbre de perder, han aparentado simpatizar con el uribismo y desprestigiado al ingeniero. ¿No fue Gustavo Petro quien le ofreció a Rodolfo Hernández la vicepresidencia?

La decadencia. Son varios los motivos por los que Petro nunca será presidente, pero el principal de todos es que se ha rodeado de los peores hampones que tiene el país. Desde guerrilleros hasta paramilitares, todo mafioso renombrado que alguna vez haya sido acusado de algo en Colombia anhela la impunidad de Petro presidente. También le han pasado factura sus propuestas de expropiación, la llamada falsa democratización que ha dejado a otros Estados en la ruina económica y sin modelos de producción. O mejor aún, Gustavo Petro y Gustavo Bolívar han anunciado que una tercera derrota en las urnas significaría su muerte política y definitiva de manera irrevocable; más razones para apoyar el independentismo de moda.

Han convocado a la juventud y su voto por el llamado ‘cambio por la vida’. Como si la única responsabilidad de la juventud fuera votar por el futuro. Antes de aquella juventud existieron también empresarios y productores a quienes les debemos un voto de respeto; lo que ellos han construido para el futuro que no sea destruido por el presente de una juventud sin memoria.  Este es el voto de la unión y la salvación, la tranquilidad de no repetir una historia escrita por otras naciones, la miseria y el abandono de quienes han sido defraudados con las promesas de la repartición e igualdad. He aquí el hombre que hace lo imposible posible, he aquí sus votantes, bienvenidos al sepelio de un comunista más, ¡Rodolfo presidente! 

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