No se trata del futuro. Por: Miguel Velarde

La mala campaña de vacunación se va a traducir en el aislamiento de algunos países

La semana pasada se cumplió un año desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró oficialmente la pandemia de Covid-19 y todavía hoy nuestros países no encuentran la salida al laberinto de las restricciones en las que nos metieron.

El mal manejo de la crisis de nuestros gobiernos tuvo un impacto devastador para las economías de la región. Ahora, todo indica que sus recurrentes errores en el proceso de vacunación tendrán un efecto similar.

La única excepción es Chile, que se ha destacado debido al éxito en su vacunación. Si lo comparamos con un país vecino como Argentina, según cifras de Our World in Data (OWID), está administrando la vacuna a un ritmo seis veces mayor. El gobierno de Piñera aplica 13.728 inyecciones diarias por millón de habitantes, con una población que es menos de la mitad que la de Argentina, mientras que este último aplica solo 2.107 dosis por día por cada millón de habitantes.

Los chilenos compraron más de 10 millones de vacunas y ese país es líder en el mundo en el ritmo de inmunización. Según la Universidad de Oxford, es actualmente la nación que más rápido está administrando la vacuna, con un promedio de 1,37 dosis diarias por cada 100 habitantes inoculados en los últimos siete días. Un verdadero orgullo para Latinoamérica, pero al mismo tiempo, una frustración cuando observamos la gran distancia que existe entre esa nación y el resto de la región.

El problema de fondo, además de lo sanitario, es el económico. Este nuevo fracaso de nuestros gobiernos, esta vez en el manejo de la vacunación, tendrá un efecto devastador en la pospandemia.

La mala campaña de vacunación se va a traducir en el aislamiento de algunos países. Si hay lugares en Europa o Norteamérica que logren la inmunidad y recuperen cierta normalidad, no se van a arriesgar a recibir personas de países donde todavía no se haya alcanzado ésta. No estamos hablando solo de que no habrá vuelos de turismo, sino de que los países de nuestra región podrían quedarse aislados en tema comerciales y económicos.

El pasaporte de vacunación siempre es una posibilidad. Quizá, la transición de una nueva normalidad tenga que pasar por un tema de certificar que si se viene de un país en el que el virus sigue circulando, la condición para entrar a otros países sea demostrar que se está vacunado.

La realidad es que estamos en un escenario complejo que se va alargar un poco más. La diferencia entre los países que están siendo más exitosos con la estrategia de las vacunas se explica también en lo que se hizo antes, no solo en lo que se hace ahora.

Chile, por ejemplo, está aprovechando un sistema de salud robusto que viene construyendo desde hace décadas. Otros países, con un sistema mucho más precario, no van a tener tanta eficiencia y tampoco pueden desarrollardo de un día a otro. Hoy, todos pagamos el precio.

Por eso el camino que nos queda por recorrer es tan difícil, porque no se trata solo de lo que hagamos en el futuro, sino también de lo que hicimos, o dejamos de hacer, en el pasado.

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