No nos crean pendejos. Por: Salud Hernández.

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No satisfecha con el cúmulo de barbarie que protagonizaron, la vice responde sin pudor que, de volver a nacer, sería guerrillera otra vez.

En 35 años de pertenencia a una banda criminal, la nueva vicepresidenta del Senado debió votar varias veces, en los expeditos consejos de guerra, sentencias de muerte a compañeros que se habían “desviado”. ¿Ya se le olvidó que solo por estar triste, preludio, pensaban ustedes, de un intento de fuga, uno podía morir fusilado? ¿Perdió la cuenta de los adolescentes que ejecutaron por intentar escapar para regresar a su hogar?

Si tan buena era la guerrilla, ¿por qué amenazaban con matar a la familia de quien deseara abandonarla? ¿Por qué se desplazaban los campesinos para evitar que ustedes se llevaran a sus hijos a la fuerza?

Lo que ocurre es que en 25 años de pareja de Tirofijo, de señora del capo di capi, se hizo insensible al dolor ajeno. ¿Cuántas veces no transmitió, como radista, las órdenes de asesinar, masacrar, secuestrar, extorsionar, fusilar, abortar? ¿Ya se le borró la luz verde de su marido para atentar contra El Nogal? ¿Se rio cuando el Secretariado emitió un comunicado negando que tuvieran que ver con el bombazo? ¿Cómo celebraron que la Corte Suprema, en su guerra con Uribe, rechazara la autenticidad de los computadores de Raúl Reyes que dejaban al descubierto sus cómplices?  

Son viejos maestros de la mentira y del cinismo, pero no nos crean tan pendejos de tragar ahora los cuentos idílicos de una abnegada, justa y pacífica revolucionaria.

¿No fue su querido compañero el que decretó que, antes de permitir un rescate de secuestrados, había que acribillarlos a balazos? ¿Se opuso la nueva vice alguna vez a los abortos forzados? ¿Recriminó a comandantes que ofrecían a otros guerrilleros “carne fresca” cuando ingresaban niñas a las Farc?

¿Se acuerda del degenerado Grannobles, rodeado de una cohorte de guerrilleritas bonitas? No nos diga que no sabía qué hacía con ellas. Y que no niegue que conoce en qué parte de Apure, Venezuela, reside ese hermano del Mono Jojoy como un rico ganadero gracias a la plata de extorsiones, narco y secuestros.   

No solo falsea la tozuda realidad. También hace apología del terrorismo. No satisfecha con el cúmulo de barbarie que protagonizaron, la vice responde sin pudor que de volver a nacer, sería guerrillera otra vez. Es decir, no se arrepiente de utilizar el terror sanguinario para alcanzar sus fines. Volvería a empuñar las armas, a mancharse las manos de sangre con el propósito de imponer sus ideas, antes que aceptar que fracasaron, que el pueblo los despreció siempre.

Tal vez sea la razón por la que el partido Farc y la izquierda radical son tan permisivos con las nuevas Farc-EP. ¿Condenan sus crímenes? ¿Repudiaron que asesinaran a Cristina Bautista y sus acompañantes? Tampoco denuncian públicamente que son las disidencias de Farc-EP las que masacraron la semana pasada a la familia de un exguerrillero en Algeciras, Huila. Y son la gente de Iván Márquez y de Gentil Duarte, además de ELN y Gaitanistas, los que están matando desmovilizados que no siguen sus consignas.

Como es el mundo al revés, ahora dirán que quienes insistimos en que ustedes no han honrado sus compromisos somos los enemigos de la paz. No los que siguen diciendo que la lucha armada es un derecho. No los que mienten en lugar de aceptar su inagotable ristra de atrocidades. No los que no mueven un dedo por ayudar a detener el desangre.

No sé cómo se las ingeniará la JEP para encubrir tanta falsedad. Lo de ayudar, con sus amigos de la Corte Suprema, a la fuga de Santrich fue un paseo. Lo complicado será ignorar el alud de pruebas que demuestran, sin resquicio de duda, que la vice y Timochenko son mentirosos compulsivos. Incluso los periodistas que cubrimos orden público hemos sido testigos de un sinnúmero de historias de niños uniformados, armados con fusiles que casi no podían cargar. 

Recuerdo el Guayabero, un retén de las Farc a orillas del río. Año 1999. El comandante, un sobradito con ínfulas, bien parecido. Nos retuvo un par de horas porque meter miedo a los campesinos que viajaban en la lancha de línea debía hacerle sentirse importante. Vi a un niño guerrillero vestido con guerrera militar. La llevaba remangada, la lucía orgulloso. “Zambrano”, leí en el parche, y pensé si pertenecería a un muerto o un secuestrado. “Diez años”, me contestó, mirándome retador, a la pregunta de su edad.

Es innecesario relatar más casos cuando en la Corporación Rosa Blanca decenas de exguerrilleras cuentan cómo padecieron en propia carne las torturas que dictaban Tirofijo y resto de Secretariado.

No entiendo la torpeza de persistir en la ignominia de ocultar lo evidente. Ni comprendo que un país acepte nombrar de vicepresidenta del Senado a un símbolo de la violencia. ¿Pretenden blanquear el pasado de la cúpula guerrillera sin siquiera cumplir los compromisos que firmaron?

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