Errores que duelen: Por Santiago Clavijo Merino

Santiago Clavijo Merino
Como dice el sabio cuarentón que llega los sábados enguayabado a entrenar en las escuelas de formación, “hasta que el árbitro no sancione algo, juegue, juegue”.

La polémica y dolorosa derrota de Colombia 2-1 a manos de Brasil, la súper favorita a ganar la Copa América, deja un sin sabor por lo que se pudo haber conseguido, pero que a su vez, y con la cabeza fría, debe dar un viento de ánimo porque las piezas se están ajustando, pese a que se deben corregir errores que duelen y que a esta altura son repetitivos.

Desde el vamos, el plan de Reinaldo Rueda se vio claro: un equipo corto, ocupando bien los espacios y defendiéndose lejos de su arco, tratando de parar el ataque ‘carioca’ lo más lejos posible de su área, y en adelante, desde la tenencia del balón, generar ataques directos y rápidos, que dieran algún espacio para hacerle daño a Brasil.

Ejecutando esa idea, nació el golazo memorable de Luis Díaz. Wilmar Barrios iniciando la jugada como cabeza de área, Duván Zapata bajando ya abriendo el ancho del campo a Juan Guillermo Cuadrado y éste aprovechando su derecha prominente, centrando al área encontrando la pirueta espectacular del guajiro Díaz. Golazo que ya es tendencia en el mundo fútbol.

En adelante, empezó a verse un equipo sólido en marca, con un Wilmar Barrios aguerrido e imbatible como figura, que hizo lo que pudo para no dejar que la magia de Neymar y compañía penetrara el área defendida por David Ospina. Hasta entonces, 45 minutos redondos ingeniados desde la libreta de Rueda.

Pero Brasil, quizá por primera vez en esta Copa América, se vio contra las cuerdas y tuvo que acelerar a más de media máquina para darle la vuelta al partido y ahí Colombia se ahogó. La agobiante recuperación tras perdida por parte de los de amarillo dejó sin posibilidad de que los de azul lograran más de cuatro toques seguidos. La velocidad en ataque aumentó y de a poco, la línea de cuatro en el fondo de Colombia, que tan sólida se vio en la primera mitad, empezó a ver cómo eran vulnerados al pasar los minutos.

Neymar dio el primer campanazo eludiendo a David Ospina en el área chica pero su remate se estrelló en el palo. Y luego, la jugada que hoy es tendencia en el fútbol mundial: Neymar intenta pasar el balón a un compañeros pero el esférico pega en la humanidad del árbitro central Néstor Pitana, el rebote cae en los pies de Lucas Paquetá y éste inicia la jugada del gol del empate parcial; abre a Renan Lodi, que centra a la cabeza de Firmino y adentro, uno iguales.

Si la jugada en realidad era ataque prometedor o no, seguirá siendo tema de debate por varios días, pero lo que si es inadmisible es que los jugadores colombianos se quedarán parados reclamando la acción. Como dice el sabio cuarentón que llega los sábados enguayabado a entrenar en las escuelas de formación, “hasta que el árbitro no sancione algo, juegue, juegue”.

Colombia pecó por inocente, tal como lo fueron las manos de David Ospina para retener el ‘testazo’ de Firmino. El antioqueño, que de tantas nos ha salvado, falló en medio de la desconcentración de todos sus compañeros.

Errores que duelen y que ya son repetitivos en el ciclo de Reinaldo Rueda. Renunciar al ataque cuando se va ganando y más cuando lo es por la mínima, y más, cuando lo es frente a la toda poderosa Brasil. Ya el plan de defenderse bien sin balón bajó en su efectividad tras la salida de Rafael Santos Borré, que en su rol de ser el “primer defensor” hizo un sacrificio dingo de elogiar.

Se perdió la tenencia del balón y no se intentó corregir, por lo contrario, Rueda se inclinó por poblar el medio campo y la defensa con más jugadores – con los ingresos de Óscar Murillo y Gustavo Cuellar – en lugar de recuperar el balón, manejarlo e intentar así que Brasil no hiciera daño con tanta insistencia.

Pecado mortal ante una Selección con espíritu ganador como lo es Brasil, que no dan un partido por perdido hasta que el árbitro pite el final. ¿Que fue un monólogo ‘carioca’ y que tuvo sometida a Colombia en el segundo tiempo? Es verdad, pero no se vio manejo desde el banco para evitar el apagón de una ilusión y que habría sido un revulsivo anímico gigantesco pensando en lo que se viene.

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