Claudia López y Roy Barreras: estafas democráticas. Por: Hernando Cortés Luna.

Hernando Cortes Luna-Columnista- elBogotano

En épocas de crisis es cuando se conoce a las personas, y por supuesto, eso también aplica para los políticos, ni más faltaba.

Políticos hay de todos los sabores y de todos los colores, cosa que está bien, pues grave sería lo contrario. Grave también es la inconsistencia y la incoherencia, pues sería como comprar un carro que en la revista se ve bien pero en la realidad no anda, o como comprar un tour turístico a una isla y terminar en un bosque. Ambas son estafas, pero como estamos hablando de políticos hablemos de estafas democráticas para sonar taquilleros. Las estafas democráticas son eso, estafas. Votas para que los políticos hagan una cosa y terminan haciendo lo que les da la gana a nombre de sus electores. Son cheques en blanco. Pero bueno, hoy voy a escribir sobre personas que parecían tan opuestas, pero que en verdad tienen mucho en común. Ambas son estafas democráticas. Claudia López y Roy Barreras fueron cortados por la misma tijera y separados al nacer, son hijos de la puerilidad política y maestros del lenguaje.

Las damas primero. Hablemos de la alcaldesa López. En ningún momento deja pasar una oportunidad para convertirla en un show mediático de esos que tanto gustan a Caracol y a los artistas de chapinero (de esos que creen que inventando ´challenges´ van a salvar al mundo, pero bueno, todos sabemos que los famosos viven es de mostrar y no precisamente de pensar). Arma tarima donde sea y por cualquier razón. Es una jugadora política hábil. Se vale de su identidad sexual para ser inmune a la critica. Es una mujer muy locuaz y con toda una estrategia de marketing político tras de ella. Es un producto malo pero que se sabe vender. Sin embargo, para quienes verdaderamente medimos a las personas por sus hechos y no por lo que son, resulta preocupante la incertidumbre en la que puede vivir un ciudadano bajo el mandato de Claudia, pues uno nunca sabe a qué atenerse. Vivir en Bogotá se ha vuelto algo así como vivir en ciudad Gótica.

Un día dice una cosa, al otro dice otra. Un día hizo campaña por Enrique Peñalosa, otro día demanda la licitación del metro de Bogotá ante el Consejo de Estado, y luego está parada en una tarima celebrando el inicio de la construcción. Un día dice que no van a haber más cuarentenas sectorizadas, y al día siguiente la decreta. Un día apoya la consulta anticorrupción para reducir el salario de congresistas, pero luego su partido quiere llenar de más curules el Senado. Un día le duele lo que pasa en las protestas/asonadas en Bogotá y con ese mismo “dolor” no duda en armar tarima para hacer un show bochornoso jugando con el dolor de las personas y capitalizarlo políticamente para quedar como la bonachona y refundar el episodio de ¨La silla vacía¨.  Qué versátil salió la senadora del Liévano.

Esa versatilidad me recuerda a Roy Barreras. Desayunó liberal, almorzó Cambio Radical, y cenó en el Partido de la U. Un ex alfil de Álvaro Uribe que hizo campaña con él y por él, que hasta le pidió a Uribe ser el padrino de su hijo (calculen la lamboneria de Roy) y hoy es mártir de la tan rentable “Paz”, a esto súmenle que de la nada salió convertido en  férreo opositor del padrino de su hijo. Tan curioso. Hace pocos días decidió renunciar al Partido de la U, pero eso sí, bobo no es. Roy renuncia a la U pero no a su curul de senador, lo que nos demuestra nuevamente que poco le interesa la coherencia. El está donde quiere estar, y está en un cargo público del que no se va a bajar así se sienta incomodo. Poco le importan las ideas a Roy.

Tanto Claudia como Roy son balas perdidas. Nadie sabe en lo que están pensando y sumergen el progreso en una tiniebla de improvisación que hace retroceder al país, en especial a Bogotá que es donde rige la maquinaria verde. Ambos son oradores muy diestros y se saben vender, pues un mal producto no se vende solo y el presupuesto de toda estafa es la mentira.

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