Salvar a Colombia del Establecimiento es Menester de Todos Por: Javier Mejía

Javier Mejia -Columnista- elBogotano

Hace dos días observamos como el tribunal de Cundinamarca mediante una acción de tutela, solicito desvincular la ayuda y asesoría del gobierno Norte Americano a nuestras tropas que heroicamente combaten el flagelo del narcotráfico. Dichas acciones valerosas pareciera no importarles a estos magistrados, ya que la mermelada en polvo pareciese que se espolvorea por esas actas para dar dicho cumplimientos a la agenda mundial del globalismo y el narco-comunismo. La constitución colombiana paso a ser una simbología, un libro del que se habla mucho, pero en la práctica se aplica muy poco. Los golpes de estado por estas instituciones son cada vez más habituales y eficaces, ya que el dinero del narcotráfico tiene la capacidad de desviar, tapar, y comprar todo. El país actualmente atraviesa por un deterioro en lo que respecta a la institucionalidad, cada día el comunismo tiene más existo en su artificio de socavar los organismos democráticos que representa nuestra nación, los cuales muy sutilmente en Colombia hoy día se ha dejado penetrar por este el fatídico pensamiento que lentamente a politizado a cada institución.

En un país con “Honorables Magistrados”, desmantelar el flagelo del narcoterrorismo sería un principio fundamental para el bien de una sociedad, pero tristemente ya no gozamos de dignas instituciones, la sal se corrompió y la cocaína los ensalzó. Si analizamos en profundidad que tan lejos ha llegado el cáncer del comunismo en Colombia, estamos muy cercanos a decir que prácticamente transitamos por un proceso de metástasis. Las líneas editoriales están al servicio del colectivismo, la justicia a favor de la criminalidad, los educadores ideologizando a los jóvenes con su marxismo-leninismo, los congresistas silenciados por seguir los lineamientos politiqueros de su partido, la iglesia trazando los parámetros del nuevo orden mundial, la familia cada vez más desprotegida y vulnerada por la ideología de género que pretende implantar por obligatoriedad, con la excusa de la integridad, sin dejar atrás a los funcionarios públicos que con la codicia por figurar, y los que se dedican hacer carrera presidencial, hacen caso omiso a esta complejidad.

Palabras más, palabras menos, estamos gobernados por el establecimiento; un mecanismo organizado por la clase politiquera que poco a poco fueron instaurando mediante tres actores fundamentales que lidera este siniestro colegiado. Uno de estos actores toma presencia en tarimas cada cuatro años; son los políticos que por décadas se han hecho elegir, bajo promesas ambiguas y discursos políticamente correctos, manipulando al pueblo por medio de fanaticadas a las cuales les van robando silenciosamente su forma de pensar, opinar y objetar, escudándose muy sutilmente en que sus militantes se deben a una disciplina de partido y a las directrices del mismo. Posteriormente es seguido por la corrupción, mecanismo cada vez más tolerante por la opinión pública, se sabe, se investiga, se escandaliza, y posteriormente se procede a pasar al olvido, ya que la tarea es no judicializar a los que son parte del establecimiento, lo que coloquialmente conocemos, usted me ayuda, y yo lo ayudo.

Consecutivamente se une un factor muy importante para la sostenibilidad de este régimen, los dineros del narcotráfico; caudales oscuros y muy profundos, necesarios para el buen funcionamiento del establecimiento, que lentamente nos ha ido dejando a su paso la herencia al comunismo. Mecanismo que corrompe la justicia, pervierte al legislativo, compra el principio de las instituciones, ataca vilmente a las fuerzas militares, mancilla su nombre y la honorabilidad, para posteriormente pulverizar los valores morales y principios de la sociedad.

Salvar a Colombia del establecimiento es menester de todos, la integración de los ciudadanos de a pie, los campesinos, los funcionarios de la salud, las reservas activas, los empresarios, las familias de la fuerza pública, los emprendedores y todos aquellos que quieren estar libres de este absolutismo, podremos lograrlo bajo una gran alianza como pueblo soberano. La necesidad apremia, debemos pasar del vestigio de que los pueblos se merecen a sus gobernantes, a poder decir; los gobernantes se deben a su pueblo y no se gobiernan por sí mismos. Ya es momento de que esos politiqueros que por tantas décadas nos han fragmentado como país, pasen al olvido bajo la sanción de la sociedad. Es muy fácil, y todo eso se logra declararnos insurrectos del establecimiento, con libertad de ideas, opiniones, expresiones, objeciones y soluciones, sin más nepotismo que favorezca al politiquero, usando la mejor arma que tenemos como pueblo, y lo más preciado por ellos; la voz y el voto, un correctivo primario para el inicio de una nueva sociedad.

Debemos concientizarnos de que el cambio debe ser trascendental; elegir a los que realmente queremos, merecemos y necesitamos. El futuro está en nuestras manos, buscar como pueblo un nuevo resplandor de esperanza y fortaleza nos deberá caracterizar como la unión de una gran nación, es una necesidad de que los colombianos hagamos un alto en el camino y direccionemos a nuestra patria bajo por los principios y valores constitucionales que tenemos como republica, basados en la ley y el orden, la seguridad, la justicia, la fe, el respeto, la esperanza, y el valor patriótico de cada ciudadano. Desde ahí inicia la fragmentación del establecimiento.

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