La pequeña Suecia. Por: Juan Manuel Toro

Juan Manuel Toro buga -Columnista- elBogotano

Suecia es uno de lo países que ha llevado la pandemia del covid-19 sin cuarentena y con pocas regulaciones, más que la prohibición de reuniones de 50 personas y el cierre de instituciones de educación y pedirles a los trabajadores que si pueden lo hagan desde casa, es decir no es una obligación. Además, se puede ver también como los restaurantes siguen operando con normalidad, puesto que, se apuesta a la estrategia de inmunidad colectiva, donde se infecte gran parte de su población y de esta forma se reduzcan las tasas de contagio. En Colombia por otro lado tenemos una “pequeña Suecia” como lo es la cárcel de Villavicencio que lleva más de su la mitad de su población carcelaria contagiada por el virus.

Claro es menester decir, que en Suecia se tienen unos altos índices de calidad de vida y que lo que ocurre en la cárcel es muy distinto frente a lo que ocurre cultural y científicamente en Suecia, ya que allá fue una decisión del gobierno, en la cárcel de Villavicencio no. Sin embargo, es momento de hablar de lo que nadie quiere tocar y es el que hacer con estos presos contagiados, pues gritan algunos en la cárcel “tenemos derechos” pero no recuerdan que también tenían deberes, estos quienes gritan tenemos derechos, han asesinado, violado, secuestrado, torturado y aquí es donde se debe preguntar, es justo ¿qué por una pandemia estas personas sean enviadas a sus casas? Que un violador, que un asesino que un ladrón sea enviado por esto a casa por cárcel ¿incluso arriesgándonos a que no la cumpla y pueda terminar por contagiar más personas? ¿o peor cometiendo algún delito? Y claro se hace la salvedad de aquellas personas que tristemente pudieron haber sido condenadas sin tener culpa, de aquellas personas que aun no son juzgadas y que se deben amparar al derecho de la presunción de inocencia.

Pero, también debemos pensar en el bien común y el bien de todos y la realidad es, que en Colombia no se pueden liberar los presos con crímenes atroces por este virus, la solución es entonces atender a aquellos presos que presenten casos realmente graves en la misma cárcel y de ser necesario en un centro asistencial, pero con la debida vigilancia. Porque si se envían estos presos a casa por cárcel, automáticamente muchos van a querer contagiarse como paso en una cárcel estadounidense donde los presos compartían un tapabocas de un contagiado, así pues, lo mejor es hacer de la cárcel de Villavicencio una pequeña Suecia donde la población carcelaria obtenga la inmunidad colectiva y que estos sigan cumpliendo debidamente sus penas.

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