Verdades a Medias

el bogotano

Bogotá vive en medio de un caos que le ha otorgado el escaño número uno entre las ciudades con más tráfico vehicular en Latinoamérica. Como consecuencia, la capital de Colombia pide a gritos una reforma de movilidad impostergable. Tras más de 40 años, las alcaldías que han dirigido la ciudad de Bogotá no han formulado soluciones concretas ni construido sobre lo ya construido por mandatarios anteriores, y la actual alcaldía de Enrique Peñalosa es la fiel muestra de esta realidad. Desde la llegada de Peñalosa a la alcaldía, el metro subterráneo propuesto por Gustavo Petro nunca fue una opción viable y dicho proyecto fue desechado, y como alternativa se propuso un metro elevado: gran error.

El metro elevado no resulta una mejor solución que el subterráneo y los argumentos empleados para defender lo contrario están sustentados en mentiras y verdades a medias. Este hecho puede constatarse en términos de viabilidad económica, porque sí, puede que el proyecto del metro subterráneo, según lo propuesto por Petro, cueste 1,7 billones de pesos más (argumento que utilizan para descalificar el metro subterráneo), pero señor Peñalosa, primero, el metro subterráneo frente al que usted está haciendo la comparación son dos proyectos diferentes. Por lo que, segundo, no les diga a sus ciudadanos que su proyecto es más barato cuando no se está comparando lo mismo a pesar de que se quiera mostrar lo contrario. Más aun teniendo en cuenta que es más caro porque simplemente es más ambicioso y busca cubrir más necesidades; pues, a diferencia del metro elevado, este tendría 5km más, 25% más de capacidad y 6 estaciones más.

Sin embargo, las verdades dichas a medias no terminan ahí, pues en términos operacionales el metro elevado se encuentra en desventaja frente al metro subterráneo, pues además de tener una capacidad inferior de abordajes, gran parte de esta capacidad -y de la rentabilidad del Metro- está soportada por el rendimiento del Transmilenio. Según estimaciones realizadas por el diario El Espectador, los abordajes de transporte público para el año 2022 con el metro elevado, corresponderían a un total de 787.559 (40.891 serían abordajes metro y 337.184 abordajes Transmilenio), datos que resultan inferiores en comparación con los abordajes presenciados en un metro subterráneo: 798.007 (54,388 abordajes metro y 282.815 por Transmilenio).

En esta ocasión los datos hablan por sí solos. Peñalosa se ha empecinado en construir el sistema vial de la capital del país teniendo como pilar de movilidad el Transmilenio, que a pesar de que en su momento fue una alternativa ejemplar, debe reconocerse que “su momento” ya pasó y que debe ser paulatinamente sustituido. No podemos o debimos optar por un modelo de Metro que implícitamente siga financiando un sistema obsoleto y cuyo aporte a la calidad del aire genera enfermedades. El metro elevado, de manera indirecta, nos supeditaría aún más a un sistema de Transmilenio tóxico, que, de construirse bajo los preceptos de Enrique Peñalosa, sumiría a Bogotá en medio de una nube asfixiante pero imperceptible, que sin darnos cuenta nos llevaría al acabose.

Sin embargo, dicha realidad parece ya ser parte del futuro de nuestra ciudad. El pasado 14 de noviembre el Gobierno de Iván Duque y la Alcaldía de Bogotá firmaron un convenio para la construcción de dos nuevas troncales de Transmilenio, el de la Avenida 68 y Avenida Cali. Con este convenio, en palabras de Peñalosa, se consolidó el proyecto del Metro elevado, pues sin estas no habría un costo positivo (lo que implica que el proyecto por sí solo no es rentable). Sin duda, dichas troncales significarán un mejoramiento para gran parte de la movilidad de Bogotá, pero a corto plazo. Pues estas solo representan un “paño de agua tibia” para las necesidades de la ciudad y deja entrever una de las principales problemáticas detrás del Metro Elevado: un metro construido a costas del rendimiento y aporte del sistema Transmilenio no debe considerarse como sostenible ni viable y por consiguiente debe ser reevaluado y reconsiderado.

En conclusión, puede que no esté a favor de un metro elevado por lo ya expuesto, sin embargo, creo que estas razones llegan a destiempo. Pues hay que abrir los ojos y reconocer que estamos en una encrucijada. A pesar de que la alternativa del metro elevado y sus implicaciones resultarían -a mi parecer- perjudiciales, en este punto en el que se encuentra Bogotá, cambiar nuevamente lo avanzado por Peñalosa sería contraproducente para la ciudad y sus necesidades. Empero, ante la urgencia de la problemática vivida ¿qué tanto estamos dispuestos a ceder en pro de una ciudad construida de manera sostenible? Como bogotanos debemos hacer un alto en el camino y reflexionar sobre el verdadero rumbo al que queremos direccionar nuestra ciudad antes de que sea demasiado tarde. Si es que ya no lo es…

3 de Junio, 2019 - Carlos Esteban Arciniegas Hurtado

Twitter; @CestebanArci

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