Nos dijeron que eran dos semanas: Por Rafael Torres

“Una solución permanente a un problema temporal se convierte en un problema permanente”- Naval Ravikant

El 11 de marzo de 2020 se jugó el partido de vuelta por los octavos de final de la Champions League entre Atlético de Madrid y Liverpool. El partido tenía un ambiente tenso después de que el gobierno Español anunciara el cierre de colegios, oficinas y espacios públicos por dos semanas debido a los brotes de Covid-19. Los días siguientes fueron una auténtica locura. Todos se preparaban para el fin del mundo, comprando montañas de papel higiénico y llenándose de provisiones. Por unos días el mundo parecía un capítulo de Black Mirror, donde el apocalipsis era una realidad. Las semanas siguientes estuvieron marcadas por un optimismo insoportable donde el #Quédateencasa se convirtió en tendencia. Todos aprendieron a cocinar pan de banano. Nos veíamos con amigos por zoom y nos dedicamos a ver una serie de unos gringos con tigres que practicaban el poliamor, en la que parecía que una mujer había matado a su esposo.

Las semanas fueron pasando y cada semana el gobierno decidió prolongar la cuarentena por dos semanas más mientras la economía y la salud mental sufrían. Normalizamos que los niños no fueran al colegio, que asistieran a clases en zoom y que salieran a la calle con tapabocas. Ingenuamente, le dimos poder ilimitado a aquellas personas que han dedicado su vida a buscar poder. 

A veces queremos interpretar las situaciones como queremos verlas y no como la realidad lo demuestra. Colombia tuvo una de las cuarentenas más largas del mundo. Tuvimos toque de queda hasta 2021 y los colegios no han vuelto al 100% de presencialidad. Uno esperaría que fuera de los países con menos muertes por Covid en el mundo.  Sin embargo, somos uno de los países con más muertes por millón de habitantes. En comparación con Estados Unidos, donde gran parte de su población se rehúsa a vacunarse y el tapabocas es cosa del pasado, se hace evidente que su tasa de mortalidad es de alrededor de 2,423 muertos por millón de habitantes, inferior a la de Colombia que es de 2,492.

En Latinoamérica creemos que nuestros gobernantes tienen la capacidad de eliminar el sufrimiento y la tragedia del mundo expidiendo decretos. Es preocupante como una medida excepcional diseñada para aplanar la curva de contagiados terminó con una entidad estatal suspendiendo un partido de fútbol porque unos jugadores Argentinos habían incumplido el protocolo de bioseguridad. Por más cínico que suene, es imposible bajar el número de muertos por Covid-19 hasta cero. Pretender que el poder ilimitado de los gobernantes y sus medidas arbitrarias van a lograr eliminar la tragedia de nuestras vidas es un pensamiento sumamente infantil. Todas las soluciones que se plantearon para solucionar un problema temporal, como lo era aplanar la curva, se han convertido en un problema permanente. El distanciamiento social ha tenido impactos catastróficos en la salud mental de la gente, la educación virtual ha hecho que el analfabetismo vuelva a ser un problema en los niños de nuestro país y las restricciones a viajeros han destruido la industria del turismo a nivel mundial.

El hecho de estar vacunado debería dar una completa libertad para vivir la vida sin límites de aforos o protocolos de bioseguridad. Las políticas públicas en su mayoría no se basan en encontrar soluciones que erradiquen los problemas por completo sino en implementar aquellas que sus beneficios superan sus costos. En este momento lo mejor que podría hacer el gobierno es tener la vacunación disponible para todo aquel que quiera vacunarse y dejar tranquilos a aquellos que no desea hacerlo. Pretender una vacunación del 100% solo será crear otra solución permanente a un problema temporal que se volverá otro problema temporal.

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